sábado, junio 02, 2012

¿QUÉ DEMONIOS QUIERE EL ESPECTADOR? (II): ESPAÑA

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Como decíamos en el anterior post, no parece que el marketing en torno al audiovisual haya resuelto la cuestión que trae de cabeza a programadores (cuando se trata de televisión) y a productores (cuando se trata de cine). En verdad, hay que reconocerle a los estadounidenses los avances en este sentido, y, sin embargo, todos los años hay obras procedentes de su país que no triunfan. De hecho, hacen lo opuesto: fracasan. Los últimos casos: John Carter o Green Lantern.

Por tanto, pareciera que esta supuesta ciencia, el marketing, despliega tantos agujeros en su teoría como la de una hermana suya: la economía.

Vayámonos de paseo por el cine español, ampliando lo que se trataba en este post de Guionistas VLC.

Ya se habló en su momento en las redes sociales y en otros lugares: ¿por qué una película de Nacho Vigalondo, con una masa suficiente de seguidores, luego no recibe el apoyo en salas y taquilla? ¿Quiere decir que Twitter no significa, como muchos apuntan, apenas sino una pequeña porción de población? Tal vez. Aquí les dejo con un artículo muy relevante en torno a ello, de un periodista de La Opinión de Málaga.

Lo mismo se podría decir de la última cinta de Álex de la Iglesia. Tras comentarios, alabanzas, coros (a ratos un tanto exagerados) a su persona por sus declaraciones sobre la Ley Sinde… su película sólo la ha visto una audiencia limitada. O bien la gente es hipócrita, o bien los que apoyan ciertas actitudes en la Red luego no van al cine. El hecho es que la última obra de Icíar Bollaín ha tenido más éxito en taquilla, cuando esta directora había sido denostada en casi cualquier rincón de Internet.


Comparación entre recaudación de La Chispa de la Vida y Katmandú.

Posibilidad: no tenemos ni idea de qué ha sucedido. No tenemos ni idea de por qué una película funciona en taquilla (o en cualquier otro actual modo de consumo).

Red Lights sí ha ido a verla la gente. ¿Una cuestión de marketing? En este caso, es probable. Puede que un cartel que indique “Robert de Niro” y Siguourney Weaver” ya espanta esa etiqueta tan peliaguda de “cine español”.

¿Pero y en el caso de la película de Benito Zambrano? Una historia nada menos que ambientada tras la guerra civil. Muchos apuntan a la reiteración de temas en el cine español, pero luego el hecho es que estas obras tienen un público suficiente. No espectacular; pero sí suficiente. Ahí tenemos el caso de Las Trece Rosas, hace unos años, con una cantidad de espectadores respetable. ¿Y entonces? ¿Cómo espera ese público que quiere un cambio en los temas y los géneros que los productores escuchen, si luego este deseo no se refleja en la taquilla?


Resultados de taquilla de La Voz Dormida en su primera fin de semana. Todos los datos, de la página, Box Office Mojo.  


Las Trece Rosas, una de las películas españolas con más éxito en taquilla, en 2007.

Visto así, se tiene la impresión de que los que (tan fácilmente, sin mucha reflexión/conocimiento del tema) proponen y hasta gritan (por su tono) en infinidad de blogs y foros que ellos sí saben qué necesita el cine español olvidan un detalle. A todos nos sucede. Todos tenemos ideas, respuestas que creemos claras, y que funcionarían. El matiz estaría en creerlas definitivas... sin contrastarlas un poco con los datos objetivos. Lo que uno desea no es lo que la realidad luego refrenda. Puede que ellos deseen que el cine español use unos géneros y no otros; pero no existe una regla de tres por la que ese deseo posea un componente científico.

Por otra parte, existe otra explicación plausible. La gente que anima a De la Iglesia, que denosta el cine social o "de guerra civil", que pide cine de género no acude a las salas para no seguirle el juego a la distribución y exhibición tradicional. Si fuera el caso, es coherente con esas posiciones que tan vehementemente defienden. Ahora bien; en tanto que no entran en el juego de la industria audiovisual, sería mejor que fueran conscientes de que así es imposible que ésta les preste oídos. Si no se contabilizan sus entradas, los productores seguirán haciendo caso del hecho objetivo: en su primer fin de semana igual vale una película "de género" como Xp3D, que una película "típica" del cine español. Y, en algunos casos, incluso una de estas últimas recauda, al final, más que dicho cine "de género".

Detengámonos un poco más en esto del género. Otros hablan de que no se cuida en la industria audiovisual española, y piden más de ello. Incluso un nuevo lugar al que enviar guiones, Box Office Script, colgó en su twitter lo que pedía (lo extraigo del post dedicado al tema, en Guionistas VLC)


Bien. La pregunta es ¿a qué se refieren exactamente con "cine de género"? Cuando esas personas lo indican como salvación del cine español y como posible respuesta a que se recaude más en taquilla... ¿a qué género exactamente se refieren? Porque ya se hacían películas de género. Comedias, por ejemplo. Todos los años. O dramas. En cuanto al terror, no es que nos falte. De hecho, sobre todo de cara al exterior, este género ya casi se ha levantado como un tópico (tal vez porque su tradición ha arrancado desde lo comercial e industrial, y no de los autores en sí) de lo que se produce aquí. Pero a veces funciona, a veces no. La trilogía Rec ha sido muy exitosa, aunque la tercera entrega se sitúa a mucha distancia. ¿Ironía para los deseosos de explicaciones de marketing? Que seguramente ha sido la que más dinero ha invertido en publicitarse.

Por otra parte, parece una broma que muchos jóvenes demanden que el cine español explore otros géneros, y luego apenas nadie vea Eva, de Kike Maíllo. Aparte de que sea o no “buena” o “mala” (aquí esto es irrelevante), miren su recaudación del primer fin de semana. Ciencia ficción en una película española. Nada menos. Con efectos especiales y una calidad de producción muy cuidados. Pues tampoco. De hecho, en su primer fin de semana recaudó menos que La Voz Dormida en el suyo (que veíamos en el gráfico más arriba). Les guste o no a ciertos articulistas o blogueros o expertos en marketing el cine "de la guerra civil" ganaría en taquilla al cine "de género" (uso las comillas con intención; ya sabemos que a estas clasificaciones se oponen muchos matices).


La semana que se estrenaba Eva, La Voz Dormida continuaba recaudando dinero en un buen puesto. 

¿Será que la gente, en las redes sociales, en las conversaciones en los bares, en los comentarios en las revistas y periódicos que tratan los estrenos, dicen que quieren una cosa, y luego consumen otra? Si es así, o si bien se trata de que lo consumen mediante descargas “alegales”, entonces su eterno lamento está fuera de lugar. A ratos, se similar a cuando se llora la pérdida de Público o de CNN+. Si nadie lo consume, si tú mismo, que estás quejándose en Twitter o Facebook, o en el bar, donde sea, luego no compras ese periódico o ves esa cadena… ¿de qué te quejas?

Esto conduce a la misma contradicción de pedir (más bien exigir) que las series españolas sean tan “ambiciosas” (tan cuestionable esa calidad dada por sentada en este caso) como Games of Thrones, pero al tiempo se perciba como innecesario que alguien pague un presupuesto no ya igualable sino suficiente. Y que dicho pago pasa porque alguien vea esa serie “innovadora”; que la consuma, para que la cadena gane dinero, para que pague dinero a la productor, para que pague dinero desde el guionista hasta el decorador pasando por el editor.

¿Serán, pues, dirán otros, los actores, las celebridades? Tomemos el caso de Xp3D. Amaia Salamanca y otros actores populares en su casting. Género: terror, con su subgénero de tipo slasher. Un experto en marketing diría que es la fórmula perfecta. Un target definido, un género que el primer fin de semana suele funcionar, caras conocidas en su reparto. ¿Resultado? Una cantidad de euros en taquilla similares a los de los estrenos del cine español "convencional". Xp3D recaudó más o menos igual que Katmandú o que La Voz Dormida. ¿Para este viaje, tantas alforjas?



Hallo que la palabra “ironía” continúa siendo la más definitoria. Lo que es probable que un productor o un experto en marketing nos planteen, en reuniones surrelistas o paternalistas, cuando presentemos un guión, se cae por su propio peso. ¿Por qué gastarse tanto dinero en supuestas primeras figuras si luego no aseguran el éxito? Mario Casas puede que haya traído espectadores a Grupo 7, como Robert De Niro y (menos) Sigourney Weaver a Red Lights. Pero a cada ejemplo de éxito que el productor o experto en marketing nos desglose como motivo por el cual  nombres conocidos (antes que buenos actores) son mejores para la taquilla podremos contraponerle ejemplos de fracasos. Es el caso de Xp3D, pero también el de Carne de Neón, que también contaba con Casas. 

Nadie sabe nada nunca. Y yo diría que los expertos en marketing o bien tienen que hacer todavía muchos deberes para un análisis que sean más matemático; o bien deberían estudiar modos de comercializar los productos de la forma más apropiada. Es decir, al contrario de eso que contaba David Muñoz en este post. Se refería a una experiencia suya en la cual fueron, en parte, los expertos en marketing los que indicaron no ya el género sino incluso detalles del guión.

Esto, además de una intromisión (peligrosa por cuanto ya hay bastantes intromisiones en la creación de una película con los productores), es de una inutilidad aplastante. No basta con esa vieja cantinela paternalista que antes se escuchaba de la mano de algunos productores, de “nosotros sabemos qué vende”. Porque igual de falsa es cuando sólo se utilizan datos parciales, y teorías nada científicas.

Es como si los creativos publicitarios o los publicistas, en general, le dijeran a sus clientes qué productos han de producir, y, por ejemplo, a qué valores deberían asociarlos. El mundo al revés.

¿No sería el modelo de experto en marketing el que vende bien, buscando, investigando, trabajando, cualquiera que sea el producto? 

Las fórmulas de suma de elementos llevan existiendo hace mucho tiempo. Asimilada por la misma crítica (llamémosla así, aunque nos referimos a revistas como Fotogramas o Cinemanía), en muchos pitchings en EEUU los high concepts de las películas se definían sumando éxitos anteriores. Aquí, esas ideas (por llamarlas de alguna forma) seguramente también funcionaban, sólo que eran las maneras peregrinas de ciertos productores.

La diferencia ahora estriba en que la fórmula (que pese a su nombre confunde: no tiene nada de matemática) la proponen los expertos en marketing.

Mientras tanto, el debate sigue abierto. Las preguntas son muchas, y los datos y los ejemplos indican conclusiones contradictorias. El cine malo triunfa a veces, el cine malo fracasa; a veces el cine bueno funciona en taquilla; a veces no. A veces las películas crean tendencias y no se pliegan a tendencias anteriores. David Muñoz también comentaba que en su día presentó una historia de vampiros, y se la echaron para atrás: “no estaban de moda” justo antes de Amanecer. Por el contrario, y ello produce cuando menos dudas, películas con un éxito internacional y avasallador no son asumidas por estos expertos en marketing. No se imitan; no se toma nota de las posibles enseñanzas que dichos éxitos pudieran traer.

Como bien indica en este artículo Scott Mendelson, ningún gran estudio prestó atención cuando un super héroe se incluía en una historia adulta y oscura… y lograba miles de millones por todo el globo. 



¿Será que hay "fórmulas" que interesa copiar y fórmulas que no? Y si no lo hacen en Estados Unidos, me temo que aquí, por inercia, no irán los tiros por diferente camino. Confiemos en que las nuevas generaciones de expertos en marketing tengan la honestidad para saber que lo suyo no es una ciencia, y la valentía para asimilar eso que tanto nos cuesta tanto a todos (a los guionistas también). 

Nadie sabe nunca nada sobre qué puede triunfar. 


domingo, mayo 27, 2012

CORTOMETRAJE DULCE SUEÑO DE SOMBRAS: CASTING, NOTICIAS, CARTEL

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El sábado pasado tuvimos el casting, para elegir al niño protagonista del cortometraje Dulce Sueño de Sombras, en el que estoy trabajando. Llevamos la cámara, y los grabamos. Tenían un breve texto memorizado, e hicimos que lo interpretaran en distintos tonos. Luego, Beatriz, la directora, les pidió que ejecutaran una de las acciones del guión del cortometraje.

Fue una experiencia interesante. Los actores profesionales tendrán sus modos, sus posibles tipos; en el caso de los niños, es diferente. No se lo toman tan en serio. No tratan de impresionarte. No les importa demasiado si los eliges o no.

Eso tiene su ventaja: son más naturales. También tiene su desventaja. Si se vuelvan demasiado en que sea un juego, se vuelve todo teatral o exagerado. Y hay sentimientos que les costará más reproducir. Por ejemplo, el miedo, que es fundamental en Dulce Sueño de Sombras.

También está el elemento de la edad. Mientras más jóvenes, más cercanos a la edad ideal del niño que retrata el guión. Pero también menos dispuestos a pasar mucho tiempo rodando. Mientras más mayores, más lejos del niño que buscamos para el cortometraje. Pero más responsables, y más fáciles de comunicarles que esto es, o aspira a ser, un trabajo serio.

Por tanto, elegirlo no va a ser tan sencillo. Aunque eso lo hace más interesante.

Beatriz aún tiene que revisar las grabaciones. Siento no poder incluir nada aquí: al parecer no es legal hacerlo. Sólo con el niño elegido, y cuando los padres firmen el papel correspondiente, tendréis ocasión de conocer al candidato elegido.

De nuevo, queremos agradecer la colaboración de Viento Sur, y, en concreto, del profesor que nos ha ayudado con los niños.

Ahora quedan el cierre de localizaciones, y ajustar los calendarios del equipo.

Mientras tanto, os dejo aquí ideas y bocetos del cartel (realizados por Carla González). Para que vayan opinando si quieren. 






martes, mayo 22, 2012

UN VERANO DE GUIÓN: CLAVES PARA DECIDIRSE A HACERLO (APLICABLES A CUALQUIER TALLER DE GUIÓN)

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Laura Bermejo me ha pedido que escriba un texto sobre mi experiencia en el taller de guión Un Verano de Guión 2011. Y ya que mis textos los publico ya por costumbre aquí, lo voy a compartir con todos. En cualquier caso, algo de ello ya lo narré en este otro post.



Laura, además de un encanto, es una de las personas detrás de estos cursos que organiza Ars Media. Junto con Anuska Gil, son las encargadas de que la estancia en Córdoba sea lo más placentera posible. El tercer personaje (perdónenme la deformación profesional; uno ve personajes en todas las personas) es Valentín González Tubau. 

Veamos los elementos decisivos a la hora de apuntarse o no a un taller de guión, revisando cómo se aplica al caso de un Verano de Guión:

1. El director del curso y/o organizador de los talleres.

Si más o menos están ustedes en los alrededores del guión (porque si viven “en el centro”, no necesitan este curso; ya estarán trabajando en “la industria”) es improbable que no conozcan el portal Abc Guionistas. Ha tenido sus altos y sus bajos (lo compró otra empresa; ahora lo ha “soltado”), pero sigue siendo un buen foro de noticias en torno a estos temas.

Pues Valentín es la persona detrás de esta iniciativa. ¿Es esto suficiente para decidirse si abonar por hacer uno de los cursos que organiza, y, en concreto, el de Un Verano de Guión?

Seguramente no. Veamos otra manera adicional para decidirnos. Entren en Abc Guionistas. Busquen el enlace donde uno puede suscribirse a las novedades. No al feed de la página, ojo, sino un enlace que te incluye en un listado de personas interesadas en cursos y temas de guión. Desde ese momento, os llegará a vuestro correo reflexiones, noticias y comentarios del propio Valentín.

Al cabo de dos o tres mails, ya sabrán cuál es la filosofía existente detrás de los cursos. Si les gusta, es una razón importante para acudir a estos cursos (o cualquier que organice); si no, pues no. Si no están de acuerdo con el ideario que subyace tras la persona encargada de organizar el curso es absurdo apuntarse.

¿Cómo resumir el ideario de Valentín? No es sencillo. Digamos que es una defensa apasionada de la profesionalidad del guionista. De la necesidad de que posea, desarrolle, mejore ciertas habilidades y cualidades. Y todo, con un tono optimista, que se preocupa por rebuscar, en el caos actual, por dónde se encaminan los perfiles profesionales. Pero no se fíen de mi palabra. Investiguen por su cuenta. 



2. Los profesores.

A partir de ahí, otro elemento relevante para que tomemos una decisión: los profesores que participan en los cursos o talleres de guión.

Lo más objetivo, para enjuiciarlos, es el hecho de que lo realizan profesores con currículum.

Esto es fundamental. Clave. En cada taller al que uno se quiera apuntar. Es lo primero que recomiendo antes de gastarse dinero en un curso corto (o, para el caso, en uno largo; hay carreras privadas donde ni te cuentan quiénes son los profesores). No están las economías para desperdiciar ahorros. Tampoco para que valoremos poco nuestro tiempo. Talleres online y presenciales de guión con profesores con poca (o nula) experiencia existen a patadas. Gente que resume la escritura de guiones con máximas con tufillo a manual de autoayuda tampoco faltan (entre los que sí son fiables, está la asesoría de mi colega de La solución elegante; Javier tiene ojo para los fallos, y probablemente arrasará el guión que trabajen, pero eso es bueno, créanme). Talleres de guión con profesores que haya trabajado y continúe trabajando en el audiovisual, muchos menos.

Un Verano de Guión trajo, el año pasado, a gente que sabe de lo que habla. Porque hay una serie de profesionales que, aparte de sus conocimientos, reflexiona sobre su trabajo; esto se comprueba cada día en las entradas de blogs como bloguionistas o Guionistas VLC. Y esto también es esencial: no sólo profesionales del medio que sean enciclopedias andantes, sino que piensan, analizan, revisan las estrategias y las herramientas de su trabajo.

3. Aspecto práctico

En el caso de Un Verano de Guión hay que diferenciar. Por un lado, está la posibilidad de acudir a lo que denominaremos conferencias/talleres.

Las conferencias/talleres consisten en dos sesiones. Una primera, donde se expone e imparte un conocimiento, un área específica, y una segunda, donde se revisan y corrigen los trabajos entregados.

Es decir, hay ejercicios. Deberes. Justo lo que muchos talleres no suelen ofrecer, en especial cuando son de tan corta duración. Es algo a exigir en cualquier taller de guión. Que nos corrijan nuestro trabajo; que nos hagan sugerencias; que se trabaje. Digamos más: que se nos exija que trabajemos.

Si alguien se apunta a esta opción, que sepa que recibirá conocimiento e información, y, además, tarea. ¿Son todos interesantes? ¿Son útiles? Esto dependerá de lo que a cada uno aspire. El listado de conferencias/talleres se publica con antelación.

Una de las imágenes que más recuerdo se sitúa en esas noches, en el patio de mi hotel (hay dos, para los que acuden), donde todo el mundo tenía sus portátiles abiertos, y escribían y rescribían y comentaban con los de su equipo. No hay duda de que Córdoba es una de las ciudades (rincones, diría yo) más hermosos de este país. Pero también es cierto que si uno se quita días de vacaciones o dinero de su cuenta, es comprensible que quiera resultados. Práctica. Un Verano de Guión las tiene. Lean bien. Prácticas en el sentido de aplicación de lo que se expone en las conferencias; nadie escribe un guión en una semana.

La otra opción es la que tomé yo, aunque con matices como luego explicaré. Es la opción de las Asesorías de Guión. Si tienen un tratamiento o un guión al que llevan meses (o, como yo, años) dándole vueltas, y necesitan un par de ojos experto que les empujen hacia delante, es la opción más adecuada.

Y las personas dedicadas en exclusiva a esta tarea también tienen un currículum reconocido. Mandas tu obra, la leen, y, si está en unos mínimos, te aceptan. No existe la posibilidad de elegir a tu tutor hasta donde yo sé, pero pueden intentarlo.

Yo tuve suerte. Quería trabajar mi tratamiento con Sergio Barrejón, y lo tuve a él. Hay cuatro sesiones durante la semana. En este caso, es más complicado que se tenga tiempo de trabajar en la historia, a no ser que sea el ejemplo de un guión o tratamiento de un corto. Pero para la siguiente sesión, es conveniente que se traiga el tratamiento (las tarjetas y todo el material sobre los personajes y la escaleta son recomendables, también)y se revise, cada noche, con las notas que hayamos tomado. Porque el asesor hará preguntas. Muchas. Algunas sugerirán soluciones mientras duermen, pasean, o toman un vino en la noche cordobesa. 

Un consejo que, no por lógico, es menos utilizado de lo que se debería. Escuchen con la mente abierta. Y acepten que lo que dirán los asesores es probable que sea verdad. No les dirán cómo escribir, sino que darán caminos para que su guión mejore. Las soluciones las decidirá siempre el autor. No sean soberbios. Si sienten que son guionistas perfectos, entonces no gasten dinero en este taller; ni en ningún otro. Yo ya tengo la experiencia de toparme guiones que se quedaron casi igual después de asesorías de grandes profesionales (en este caso, no hablo de Un Verano de Guión). Si no tienen que recomenzar el guión o el tratamiento, es que no han escuchado lo suficiente. Si no tienen que cambiar escenas, matices de personajes, y el orden y la estructura, existen muchas probabilidades de que no hayan aprendido nada.

Mi experiencia fue positiva. Hablando con otros compañeros (en otros equipos, con otros asesores) no escuché quejas mayores. Tal vez, sólo cuando hubo un exceso de alumnado, tema al que me referiré más adelante.



4. El trato profesional.

Esta es otra clave para decidirse por un curso o taller de guión. Asegurarse (en este caso, el único modo es preguntando a asistentes de ediciones anteriores) de que los asesores son respetuosos. Es importante que sean profesionales. Que juzguen tu trabajo, y no el género o el tipo de cine que te gusta. Que no personalicen. Puede parecer obvio, pero mi experiencia en otros cursos lo contradice. Recuerdo, en otro curso, una institución valenciana afortunadamente desaparecida, a un chico al que su asesora le despreció su trabajo.

Los asesores de Un Verano de Guión 2011 eran profesionales en ese doble sentido: por un lado, son gente que trabaja en la industria, y son analistas que se centran en los problemas de tu guión.

En todo caso, como desconozco quiénes acudirán este año como asesores, un consejo. Uno que vale para cualquier taller de guión. Exijan siempre lo que se promete. Si son 4 horas de asesorías, que sean cuatro. No acepten menos de lo que has pagado, porque eso sólo hará que a) se hagan mala sangre una vez concluyan el curso y b) no ayuden a la organización a que sepan cómo mejorar para próximas ediciones.

En Un Verano de Guión existe una tercera vía, que es la que yo tomé: la posibilidad de apuntarse a las asesorías y, además, a las conferencias/talleres. No es mucho más dinero, y tienes la oportunidad de sumarte a aquellas que más te interesen.

Dependerá de cómo se organicen, pero puede haber tiempo para asistir a esos talleres, hacer sus correspondientes deberes, y, además, trabajar en las asesorías. O pueden sólo asistir a la sesión primera, sin sumarse a la segunda, donde se revisan dichos deberes. Esto está en las manos de cada uno, y cuánto partido quiera sacarle a la semana de Un Verano de Guión.

5. El coste

Es un elemento cada vez más claro en estos tiempos, aunque en verdad siempre debió de ser determinante. En este sentido, cada vez hay más opciones online. Claro que,  en estos planteamientos no siempre se equilibra el menor coste con los puntos anteriores.

Un Verano de Guión requiere que pases una semana en Córdoba. Esto implica unos gastos. La organización facilita dos hoteles (ambos muy cerca de la Mezquita Catedral) con precios especiales. Pero siempre puede uno buscar por su cuenta. Incluso pensiones. Otra posibilidad que usó más de uno el año pasado: incluir esa semana como parte de las vacaciones. Tras Córdoba, hubo un mexicano que aprovechó para viajar por Europa, tomando el sur de España como punto de partida.

¿Consejos? No coman en restaurantes del centro, que son caros. Hay lugares para comprar bocadillos. Si quieren ahorrar, no se apunten a las actividades paralelas que cuesten dinero (aunque yo recomiendo vivamente los baños árabes; sales como nuevo). O no se queden la última noche. O no salgan de copas. Cada uno, según sus posibilidades monetarias.



¿Fue un curso perfecto? No. Lo cierto es que los recortes económicos (antes colaboraba el Ayuntamiento de Córdoba) impidieron a Ars Media acceder a un presupuesto más holgado, con lo que tal vez la organización se resintió un poco. No me refiero tanto a lo experimentado in situ. Laura y Anuska son dos mujeres que uno sabe que antes o después ha de meter en alguna ficción, porque son divertidas y muy dispuestas a resolver cualquier eventualidad. Además, aunque no sea decisivo, sí es agradecido que los días en Córdoba se complementen con la posibilidad (que no la obligación; no duden en decir no si algo les parece caro) de otras actividades. No; me refiero a los momentos previos.  A la cantidad de alumnos admitidos y los tiempos delimitados para la admisión de guiones y tratamientos, que en algunos momentos fueron confusos. Más alumnos admitidos de los previstos hizo que se complicaran algunas asesorías (no la mía), según me informaron. 

Eso es todo. No sé dónde estaré en unos meses, así que ignoro si volveré este año a Un Verano de Guión. Yo lo recomiendo, pero siempre con todos esos matices mencionados antes: cada persona aspira a cosas distintas cuando realiza un curso o taller de guión.

lunes, mayo 21, 2012

LA NECESIDAD DEL OPONENTE: TOUCH, PERSON OF INTEREST (PRIMERAS TEMPORADAS)

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Dos nuevas series de esta última temporada ponen de manifiesto algunas cuestiones interesantes acerca de la escritura de guiones para la televisión.


Touch (Fox, 2012) se ha presentado este año como otra posible respuesta a un estado de ánimo del espectador. Como Once Upon a Time (y, al parecer, Pan Am, aunque no puedo confirmarlo), tiende a una filosofía que reconforte, rehuya el lado oscuro, y consiga la reunión familiar ante la pantalla.

Sin embargo, estas aspiraciones tienen su coste en los guiones. Por una parte, en más de un capítulo la lógica se perdía por el camino. La resolución de conflictos de algunas subtramas de los capítulos eran inverosímiles. Y lo eran porque se imponía ese sentido llamémoslo filosófico sobre las necesidades básicas de la trama.  Era improbable que un mafioso ruso evolucionara a tal velocidad que pasara a dejar su negocio; y sólo por una llamada de su hijo. O que un padre de algún país islámico extremista perdonara tan fácilmente a su hija por haberse disfrazado de hombre para poder conducir. Tampoco es tan sorprendente, sabiendo que su creador es Tim Kring, el mismo de Heroes. La tercera temporada de aquella serie de super héroes debería estar en los manuales de cómo no se debe escribir guiones. Los "saltos" de actitud, ánimo, y rol de algunos personajes eran contrarios a la verosimilitud.

La idea, claro, es que ese poder de Jake, el niño autista, ayuda en cada capítulo a una serie de personajes por todo el mundo. En recientes capítulos, ha entrado en juego nada menos que la religión. Por tanto, más que de ciencia ficción, hablaríamos de fantasía, donde se interpreta que las matemáticas es, más que un lenguaje científico, un modo en que el universo se expresa y se comprende. Ante el caos de la vida cotidiana actual (más con la crisis económica), respuestas universales por medio de las creencias. No hay nada más reconfortante que la idea de que la conectividad universal o que una ciencia confirme que el mal puede suprimirse resolviendo un puzzle de números. 




Esto puede juzgarse o no como conservador (y simplista, como respuesta a la situación actual), pero lo que aquí nos ocupa es si esto al final se entromete con la misma escritura de guiones. Porque, de hecho, tanto da que sea una ideología marxista como una conservadora; lo que importa es si es tan a priorística que fuerce el conjunto. En el caso de Touch es claro. No se preocupa de que un capitulo da poco tiempo a que un problema grave tenga su resolución, ni de que justo subir tanto las stakes, y que el conflicto sea tan peliagudo, complica que sea verosímil una solución tan rápida.

Lo curioso es que los requerimientos de una ficción son, pese a todo, tan fuertes, que pueden hasta equilibrar (o intentarlo). Touch no se ha conformado con la estructura de stand alone episodes. No hace muchos capítulos, se ha puesto en marcha un enemigo en la sombra. En realidad, tiene lógica, y por varios motivos. Uno de ellos es la lógica. Si, al cabo, estamos ante una historia de un super héroe (aunque peculiar), antes o después debe aparecer su Némesis. Otro motivo es el riesgo. Como decíamos en aquel post, no parece seguro que las producciones de HBO o AMC hayan creado el efecto de que ahora toda serie de televisión sea recibida como “una novela”. Siguen dándose series donde las Tramas generales son escasas o muy débiles, con éxito contrastado. El Mentalista es un caso; la última temporada de House (por cierto, muy execrable), otro. Castle, otro.

Aun así,  quién sabe. Bien por mirarse en las “grandes” series, bien porque identifiquen que ello les lleve al éxito (aunque, insistimos,ya vimos que no es una regla de tres), algunas series sí se han esforzado por Tramas Generales más presentes y constantes.

Sucede en Touch, y es lo que quizá sirva para salvarla. Si uno tiene la suficiente paciencia para superar esas subtramas buenistas, existe un cierto suspense. ¿Lograrán los malvados hacerse con Jake? ¿Lo descubrirá su padre antes de que lo secuestren? Y aquí que volvemos con las necesidades de la ficción. Y esta vez, sin predisposiciones ideológicas. Por un lado, esos representantes del “bien” (Jake, su padre, la trabajadora social) necesitan un oponente. Nada nuevo, pero sí fundamental. Por otro, un poco de realismo que contraste con ese mundo perfecto donde unos números salvan a todos sin mucho esfuerzo.

Otro detalle a replantearse es si esta lucha será posible o creíble. Como héroe, Jake está mermado, en cuanto a que es un niño (discapacitado), y en cuanto a que su padre no tiene una profesión que le conecte con posibles aliados. Por ello, la lucha parece desequilibrada desde un comienzo, si el oponente es nada menos que  una empresa poderosa, dispuesta a usar los poderes de Jake para su beneficio. Pero habrá que ver cómo se desarrolla Touch. Esperaremos que consideren mejor la lógica de la escritura de guiones.

Person of Interest ha realizado esto con mejor tino. En verdad, los protagonistas gozan de un poder tan ilimitado, que un enemigo poderoso era lo apropiado. John y Finch tienen una máquina que anticipa asesinatos, nada menos. Igual que Touch, y, tal vez, igualmente sin la conciencia de ello, Person of Interest no es ni puede ser realista. Christopher Nolan ha negado que se integre en el género de ciencia ficción, pero la misma serie lo niega. A lo mejor Nolan tenía en mente ese concepto de ciencia ficción ya anticuado de naves espaciales.


El hecho es que esa suma de conocimiento (Finch y su acceso a la máquina) y músculo (John es un ex militar y es CIA) exigía que se le opusieran enemigos potentes. 23 capítulos, se ve, son ya muchos para que se mantenga la mera estructura del stand alone episode, debió de pensar J.J Abrams. O no, puesto que luego él mismo no lo ha aplicado a Alcatraz, donde el misterio de la Trama General no avanzaba si cuando la lógica lo demandaba.

Gracias a ello, la serie ganó. Además, porque los guionistas hicieron un tanto más compleja la Trama General. Teníamos el habitual desglose de flash-backs para entender a ambos protagonistas. Teníamos un enemigo inteligente y con igual poder; el hijo del mafioso que vuelve para tomar la ciudad. Teníamos la CIA, que perseguía a John. Teníamos la rama corrupta de la policía. Teníamos los que pidieron la construcción de la máquina.

Con estos mimbres, sí era posible que 23 capítulos tuvieran un soporte más estable. Si Touch o Castle o El Mentalista confían en una Trama General con un oponente y un conflicto único, Person of Interest hacía las cosas más complejas. Sin que la comparación las iguale en otros aspectos, comparte con The Good Wife una similitud. Como en la serie de los King, Person of Interest va desplegando subtramas (diferentes de las de cada capítulo) dentro de esa Trama General. Y las relacionaba mejor de lo esperado en una serie comercial.

Por ejemplo, la trama en torno al pasado de Finch crecía y se entremezclaba con la de esos que han resultado (en el último capítulo) enemigos peigrosos: los que pidieron la construcción de la máquina.

La realidad es que la necesidad del oponente habla, y bien, de cómo las bases de cualquier narración siguen siendo las mismas. Independientemente del género, o de las pretensiones comerciales y hasta ideológicas.